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Bolsa amarilla

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La recogida selectiva de la bolsa amarilla se implantó en Galicia tras la entrada en vigor, en 1997, de la Ley de Envases y Residuos de Envases, materializándose a través de una experiencia piloto que se extendió desde julio de 1998 hasta octubre de 1999, en la que finalmente participaron un total de 29 municipios, y que permitió obtener información sobre los hábitos de la población, así como sobre las características y composición de los residuos generados, fijando de esta forma los medios y costes relativos a la implantación de una recogida de estas características.

En noviembre de 1999 se firmó un Convenio Marco entre la Xunta de Galicia y Ecoembes con el fin de impulsar el desarrollo de un programa integral de recogida y recuperación de envases usados y residuos de envases en el ámbito territorial de la Comunidad Autónoma. En este Convenio se atribuye a Sogama la función de entidad gestora del mismo, llevando a cabo en sus instalaciones las labores de clasificación de la bolsa amarilla (envases de plástico, latas y briks).

Una vez efectuada la recogida de este material (bolsa amarilla) por parte de los servicios municipales o empresa específica en la que los entes locales deleguen esta tarea, se transporta a la planta de transferencia más cercana y de ahí viaja, en contenedores especiales de gran capacidad, a la Planta de Clasificación de Sogama, ubicada en el Complejo Medioambiental de Cerceda, donde se efectúa la separación mecánica de los distintos materiales, que se prensan y embalan por separado, remitiéndolos posteriormente a la industria recicladora, donde son convertidos en nuevas materias primas.

En este escenario es preciso tener en cuenta que la colaboración ciudadana constituye la pieza clave para lograr que el sistema de recogida selectiva sea exitoso, toda vez que la viabilidad del reciclaje y, por tanto, los beneficios derivados del mismo, tanto a nivel medioambiental como económico y social, dependen fundamentalmente de una adecuada separación en origen.

Y es que el reciclado permite un gran ahorro energético y de materias primas, además de un considerable ahorro económico para las arcas locales, ya que cuanto mayor sea la cantidad y calidad del material desviado a los centros recicladores, mayores serán los ingresos percibidos por los ayuntamientos a través del Sistema Integrado de Gestión Ecoembes, al tiempo que se propicia la disminución del volumen de residuos a depositar en el contenedor genérico, reduciendo el importe de la factura que los entes locales deben pagar a Sogama.

Contenedor amarillo

  • Botellas de plástico que hayan contenido alimentos (aceite vegetal, refrescos, agua, leche, salsas, ...) 
  • Botes de plástico de productos de aseo o limpieza (gel de baño, champú, jabón líquido, lavavajillas, limpiadores del hogar, suavizante, ...)
  • Latas de conservas y de refrescos 
  • Briks de leche, vino, zumos, ...
  • Bandejas de porexpán o corcho blanco
  • Redecillas de envoltorio de frutas, tubérculos o verduras
  • Plástico film (plástico de cocina para envolver)
  • Bolsas de plástico
  • Envases plásticos de aperitivos y bollería industrial

Y, en general, todos los envases de plástico, latas y briks que lleven impreso el punto verde.