- La señal que llega desde el Pacífico es cada vez más clara y la OMM asegura que “El Niño” se está fortaleciendo rápidamente, previendo que alcance su máxima intensidad hacia finales de año, aunque sus efectos pueden prolongarse durante meses
- El fenómeno no puede evitarse, pero muchos de sus efectos pueden anticiparse. Restaurar tierras degradadas, ampliar la agroforestería o hacer más sostenibles la ganadería y la acuicultura, puede ayudar a producir alimentos de forma más resistente, proteger la biodiversidad y reducir emisiones
- En palabras de la FAO, prepararse para “El Niño” es adaptación climática con el reloj corriendo más rápido
Cerceda, 7 de octubre de 2026.-“El Niño”, el fenómeno climático que se origina a miles de kilómetros en el Pacífico tropical, ha vuelto fortalecerse, con consecuencias sobre las lluvias, el calor y la producción de alimentos en distintas regiones.
Pero, a diferencia de muchos desastres, éste “se anuncia”. Los científicos pueden seguir su evolución a medida que se desarrolla en el Pacífico, dando tiempo a actuar. La señal que llega desde allí es cada vez más clara y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) asegura que El Niño se está fortaleciendo rápidamente, previendo que alcance su máxima intensidad hacia finales de año, aunque sus efectos pueden prolongarse durante meses.
La FAO lleva esos pronósticos un paso más allá. Gracias a más de cuatro décadas de datos sobre cómo anteriores episodios fuertes de este fenómeno afectaron a la agricultura, puede cruzar lo ocurrido en el pasado con las condiciones actuales, los pronósticos estacionales y los niveles de inseguridad alimentaria.
Ese análisis permite identificar con mucha mayor precisión dónde puede golpear con más fuerza y, sobre todo, dónde y cuándo conviene actuar primero. En algunos casos, sus mapas llegan a una escala aproximada de un kilómetro cuadrado.
Entre las zonas que más preocupan están África austral y el Sahel, el Corredor Seco de Centroamérica y partes de Asia meridional y sudoriental, donde aumenta el riesgo de sequía agrícola. En otros lugares, la amenaza puede llegar en forma de lluvias intensas e inundaciones, mientras que unas aguas excepcionalmente cálidas pueden afectar a la pesca y a las comunidades costeras.
Adaptarse con medidas a corto y largo plazo
Prepararse puede ser sorprendentemente práctico: semillas resistentes a la sequía, mejor almacenamiento y gestión del agua, suelos más sanos, protección para el ganado y alertas que lleguen a los agricultores con tiempo suficiente para modificar las fechas de siembra o cambiar de cultivo.
Pero esas medidas no sirven únicamente para superar el próximo “El Niño”, sino que son también parte de lo que la agricultura necesitará para hacer frente a un clima cada vez más cálido e impredecible.
El fenómeno no puede evitarse, pero muchos de sus efectos pueden anticiparse. Restaurar tierras degradadas, ampliar la agroforestería o hacer más sostenibles la ganadería y la acuicultura, puede ayudar a producir alimentos de forma más resistente, proteger la biodiversidad y reducir emisiones.
En palabras de la FAO, prepararse para “El Niño” es adaptación climática con el reloj corriendo más rápido.
Fuente: FAO