- Los expertos coinciden en que enfrentar los desafíos ambientales requiere no solo soluciones tecnológicas o políticas públicas, sino también sociedades informadas, comprometidas y con capacidades para actuar.
- Por su parte, las escuelas resilientes al clima ayudan a proteger a la infancia frente a fenómenos meteorológicos extremos y a garantizar la continuidad del aprendizaje
Cerceda, 23 de febrero de 2026.-Los expertos coinciden en que enfrentar los desafíos ambientales requiere, no solo soluciones tecnológicas o políticas públicas, sino también sociedades informadas, comprometidas y con capacidades para actuar. Y aquí es donde entra en escena la educación, de importancia trascendental para construir un futuro mejor y alcanzar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
Desde las aulas hasta las comunidades, y desde iniciativas locales hasta movimientos globales, estas son cinco de las formas en las que la educación está impulsando la acción por el medio ambiente.
1. Invertir en los estudiantes es invertir en el futuro
La educación desde edades tempranas es fundamental para comprender el mundo natural y la relación de la humanidad con él. Al fortalecer la alfabetización ambiental, el pensamiento crítico y las habilidades para la resolución de problemas, las escuelas contribuyen a lograr una ciudadanía informada, capaz de tomar decisiones ambientalmente responsables.
Iniciativas como #GenerationRestoration Schools, liderada por el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas, en alianza con la Foundation for Environmental Education (FEE), apoyan a escuelas de todo el mundo para enseñar y actuar en favor de la naturaleza, permitiendo que los estudiantes aprendan sobre el medio ambiente participando en proyectos prácticos de restauración de ecosistemas.
2. Fuera del aula, el aprendizaje ambiental enseña habilidades para la vida
Más allá de los espacios escolares, las modalidades de educación no formal también desempeñan un papel clave en el fortalecimiento de la conciencia ambiental. Talleres, grupos de formación y programas comunitarios empoderan a los jóvenes para colaborar, movilizarse y enfrentar desafíos en sus comunidades.
Por ejemplo, el Tide Turners Plastic Challenge, parte de la campaña #SinContaminaciónPorPlásticos del PNUMA, involucra a jóvenes de todo el mundo a través de redes existentes. En alianza con el Movimiento Scout Mundial y Girl Guides, ha llegado a más de 800.000 jóvenes, demostrando el poder de la acción a nivel comunitario.
3. Universidades por la restauración de los ecosistemas
Al integrar la restauración de los ecosistemas en la enseñanza, la investigación, las operaciones y las cadenas de suministro, las universidades están transformando sus campus en laboratorios vivos para la recuperación de la naturaleza.
Por ejemplo, más de 700 instituciones de educación superior en más de 100 países forman parte de Nature Positive Universities (Universidades Positivas con la Naturaleza), una red global dedicada a detener y revertir la pérdida de biodiversidad mediante acciones como la restauración de hábitats, el monitoreo de la biodiversidad y proyectos de infraestructura sostenible. Estas acciones mejoran los entornos urbanos y los paisajes locales, contribuyendo al desarrollo de un futuro positivo para la naturaleza.
4. Los estudiantes ya son agentes de cambio
Estudiantes de todo el mundo están explorando, documentando y comunicando los desafíos ambientales. A través del periodismo, la narración de historias y las plataformas digitales, los jóvenes comparten soluciones e inspiran a otros a actuar.
Programas como Young Reporters for the Environment (YRE), llevan más de 30 años formando y acompañando a miles de futuros líderes ambientales. Muchos periodistas y defensores del medio ambiente comenzaron su camino a través de YRE, donde desarrollaron habilidades para investigar problemáticas, informar sobre desafíos locales y apoyar iniciativas centradas en soluciones.
5. Las aulas se están preparando para el futuro
Según un análisis reciente de UNICEF, al menos 242 millones de estudiantes en 85 países vieron interrumpida su educación debido a crisis climáticas en 2024, incluidas olas de calor, tormentas, inundaciones y sequías. En algunos contextos, estas interrupciones repetidas han puesto en riesgo el derecho de los niños y niñas a la educación.
Las escuelas resilientes al clima ayudan a proteger a la infancia frente a fenómenos meteorológicos extremos y a garantizar la continuidad del aprendizaje. Por ejemplo, en una de las regiones más vulnerables al calor en la India, Supriya Sahu, laureada del Premio Campeones de la Tierra del PNUMA, ha impulsado medidas de enfriamiento y soluciones basadas en la naturaleza para proteger a familias y escuelas. Proyectos como el Cool Roof Project en escuelas públicas “verdes” reducen la temperatura en los espacios interiores y mejoran las condiciones de aprendizaje, asegurando que la educación pueda continuar.
Fuente: ONU Medio Ambiente
Imagen: Freepik