- Más allá del compostaje doméstico en las zonas rurales, es necesario que los ayuntamientos activen la recogida diferenciada de esta fracción en los principales núcleos de población a través del contenedor marrón
- La Xunta, a través de Sogama, puso a disposición de los entes locales cuatro plantas de compostaje industrial para ayudarles en esta tarea
- Cabe recordar que la recogida diferenciada de la fracción orgánica es una obligación legal desde el 1 de enero de 2024
Cerceda, 13 de julio de 2026.-Si bien la recogida diferenciada de la materia orgánica constituye una obligación legal para los ayuntamientos desde el 1 de enero de 2024, lo cierto es que su implantación va más lenta de lo deseable, por lo que urge activarla para dar debido cumplimiento a los objetivos europeos de reciclaje y también para disminuir costes económicos.
Municipios de pequeño tamaño, eminentemente rurales y con gran dispersión poblacional, han apostado por recuperar una práctica tradicional como es el compostaje doméstico, permitiendo a las familias, a través de la dotación de compostadores, convertir en abono natural en torno al 40% de la basura que producen, conformada por materia orgánica, que luego aplican en sus huertos y cultivos, evitando que sea gestionado a través de los canales habituales de recogida y transporte por parte de los servicios municipales.
En otros casos, ayuntamientos semiurbanos y/o semirrurales han optado por combinar el autocompostaje en las zonas más dispersas con la recogida de orgánicos a través del contenedor marrón en los principales núcleos de población. En este último caso, la dotación de medios, tanto materiales como informativos y formativos, y la colaboración ciudadana sigue resultando insuficiente, por lo que resulta conveniente incidir en la relación de materiales que pueden, y no pueden, introducirse en el recipiente marrón a fin de garantizar su posterior tratamiento en planta, donde son sometidos a un proceso de fermentación, maduración y afinado para ser transformados en compost.
La Xunta, a través de Sogama, puso a disposición de los concellos 4 plantas públicas de compostaje industrial (una por provincia: Cervo, en Lugo; Cerceda, en A Coruña; Vilanova de Arousa, en Pontevedra; y Verín, en Ourense), concebidas para prestar este servicio de forma eficiente y cuya función es precisamente cerrar el círculo de la economía circular, obteniendo a partir de los restos orgánicos, un producto, el compost, que aporta nutrientes al suelo y mejora su estructura, sustituyendo a los fertilizantes artificiales. Pero sus beneficios son todavía mayores si se tiene en cuenta que una correcta separación de la materia orgánica en origen incrementa la cantidad y calidad del resto de las fracciones recogidas selectivamente, garantizando un mayor reciclado.
Lo que sí y lo que no
Es preciso que el ciudadano diferencie lo que sí y lo que no puede depositar en el contenedor marrón a fin de evitar impropios y obtener un compost de alta calidad.
Lo que sí: cáscaras de huevo, tapones de corcho natural, huesos de fruta, palillos, restos de origen animal -carne o pescado- (huesos, carne cocida, restos de pescado y marisco, espinas, conchas de mejillón, almejas, …), restos de alimentos crudos o cocidos de frutas, verduras, legumbres y hortalizas, restos de pasta y arroces, restos de frutos secos, semillas y cereales, restos de pan, bollería y galletas, cortezas de queso, restos de plantas, flores, hojas secas, hierba y pequeños restos de poda y huertos, posos de café y bolsitas de infusiones, papel de cocina usado y manteles de papel (sin restos de aceite).
Lo que no: chicles, aceite de cocina y otro líquido, polvo o restos aspirados o barridos, ramas de poda, pañales, compresas y tampones, arena para mascotas, colillas de tabaco y cenizas, papel higiénico y toallitas húmedas.
Asimismo, no debe olvidarse que los restos orgánicos deben introducirse en bolsas compostables.
Saludos, Departamento de Comunicación