- Más allá de la problemática que este fenómeno representa para la seguridad alimentaria, también genera otros impactos, especialmente en el caso de los vertederos, donde los desechos de alimentos liberan metano, que es uno de los principales emisores de GEI
- De hecho, el metano atrapa 86 veces más calor que el dióxido de carbono durante un período de 20 años, siendo el origen de casi un tercio del calentamiento global registrado hasta la fecha
- Evitar que los alimentos se desperdicien y, en el caso de que no pueda ser así, que se separen adecuadamente y se conviertan en compost en un entorno rico en oxígeno, es la manera más eficaz de reducir el metano
Cerceda, 26 de octubre de 2026.- En el marco del Día Internacional contra el Cambio Climático, celebrado el pasado sábado, día 24, es preciso recordar la importancia de la reducción del desperdicio alimentario para aliviar la presión sobre el clima.
Según datos de la ONU, más de 1.000 millones de comidas quedan sin consumirse cada día como resultado de la sobreproducción, el deterioro de los alimentos o una mala planificación, con la particularidad de que el 60% de este desperdicio tiene su origen en los hogares.
Más allá de la problemática que este fenómeno representa sobre la seguridad alimentaria, también provoca otros impactos, especialmente en el caso de los vertederos, donde los restos de alimentos liberan metano, que es uno de los principales emisores de gases de efecto invernadero (GEI). De hecho, el metano es responsable de hasta el 10% de las emisiones de GEI, lo que representa casi cinco veces las emisiones generadas por el sector de la aviación. Este gas atrapa 86 veces más calor que el dióxido de carbono durante un período de 20 años, siendo el origen de casi un tercio del calentamiento global registrado hasta la fecha.
Tal y como manifestó Martin Krause, Director de la División de Cambio Climático del PNUMA, “Cada comida rescatada, compartida o que nunca llega a ser desperdiciada es un alimento mejor aprovechado. También es metano evitado”.
“Freno de emergencia”
Reducir hoy las emisiones procedentes de fuentes como el desperdicio de alimentos puede generar beneficios climáticos en cuestión de décadas, actuando como un “freno de emergencia” frente al calentamiento global. Por tanto, la manera más eficaz de reducir el metano derivado de esta mala práctica, es evitar que los alimentos se desperdicien. Y, en el caso de que no se puedan evitar, separarlos adecuadamente de otros residuos y convertirlos en compost en un entorno rico en oxígeno.
A través de la Declaración sobre la Reducción del Metano Procedente de los Desechos Orgánicos, lanzada hace dos años, más de 60 países se comprometieron a reducir las emisiones de metano del sector de los desechos entre un 30 % y un 35 % por debajo de los niveles de 2020 para 2030. También se comprometieron a abordar las causas profundas de estas emisiones priorizando la prevención y convirtiendo los desechos orgánicos en compost o biogás.
Fuente: ONU
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