- Convocada por el Secretario General de la ONU, António Guterres, se centra en reforzar la seguridad energética, promover la justicia climática, movilizar la acción y proteger a las personas frente a la intensificación de la crisis climática
- Se considera inevitable que se supere temporalmente el objetivo de calentamiento global de 1,5 °C establecido en el Acuerdo de París, de ahí que los esfuerzos se orienten a reducir las emisiones, movilizar financiación y fortalecer la cooperación internacional
Cerceda, 23 de septiembre de 2026.- La sede de Naciones Unidas acoge hoy la Cumbre sobre el Clima, en la que se dan cita líderes de las principales economías, países desarrollados y en desarrollo, naciones vulnerables y grandes productores y consumidores de energía. Diez años después del Acuerdo de París, el mundo entra en una nueva fase de la crisis climática a medida que cobra impulso la transición energética.
La Cumbre, convocada por el Secretario General de la ONU, António Guterres, se centra en acelerar esta transición, reforzar la seguridad energética, promover la justicia climática, movilizar la acción y proteger a las personas frente a la intensificación de la crisis climática.
El objetivo es convertir los compromisos existentes en acciones concretas y analizar qué se puede hacer conjuntamente para acelerar su consecución. Porque el ritmo de actuación es importante, ya que la brecha entre los planes actuales y lo que exige la ciencia sigue siendo muy grande.
Los países responsables de casi el 90 por ciento de las emisiones globales han presentado planes climáticos nacionales actualizados, conocidos como NDC (Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional). No obstante, aunque esos planes se implementen por completo, se espera que solo reduzcan las emisiones en alrededor del 10 por ciento para 2035. Para mantener el objetivo de 1,5 °C al alcance, las emisiones tendrían que disminuir aproximadamente un 60 por ciento durante el mismo período.
Cerrar esa brecha implica reducciones más rápidas de las emisiones, en particular del metano y otros contaminantes climáticos de corta duración, al tiempo que se detiene la deforestación y se acelera la transición de los combustibles fósiles a las energías renovables.
Financiación, adaptación y cooperación: claves
No todos los países cuentan con los mismos recursos. Los países en desarrollo suelen enfrentarse a costes de endeudamiento mucho más elevados para los proyectos de energías renovables, lo que dificulta la inversión en energía limpia, redes y almacenamiento, incluso cuando el potencial es enorme.
La ONU ha pedido reiteradamente financiación más barata, reformas en los bancos multilaterales de desarrollo y una mayor inversión privada en los países en desarrollo.
Una transición justa debería ayudar a los trabajadores y a las comunidades a adaptarse al cambio económico, crear empleos dignos y otorgar a los países en desarrollo un papel más importante en la creciente economía de la energía limpia. Esto incluye los minerales necesarios para las baterías y otras tecnologías: los países productores deberían poder obtener un mayor valor de esos recursos en lugar de limitarse a exportar materias primas.
Aunque reducir las emisiones es fundamental para limitar el calentamiento futuro, lo cierto es que no puede borrar los impactos climáticos que la gente ya está experimentando hoy en día. Se prevé que un fuerte fenómeno de El Niño persista hasta principios de 2027, lo que podría agravar low riesgos en varias regiones, incluyendo el Cuerno de África y partes de América Latina y el Caribe.
De ahí la importancia de la adaptación. En la práctica, significa ayudar a las personas y a los países a afrontar los efectos del cambio climático que ya no se pueden evitar. Esto puede incluir la construcción de carreteras, viviendas y servicios públicos más resistentes; el apoyo a una agricultura y unos ecosistemas más resilientes; la mejora de la gestión del agua; y la ampliación de los sistemas de alerta temprana para que las comunidades tengan más tiempo para prepararse ante inundaciones, sequías, tormentas y olas de calor.
Además, ningún país puede hacer frente al cambio climático completamente por sí solo. Los gobiernos establecen sus propias políticas climáticas, pero muchos de los sistemas necesarios para que funcionen trascienden las fronteras, desde los mercados energéticos y las finanzas hasta la tecnología y las cadenas de suministro.
El reto consiste en ayudar a más países a superar esas barreras y avanzar con mayor rapidez, incluso cuando las tensiones geopolíticas actuales dificultan la cooperación internacional.
Fuente: ONU